Moscas que muerden

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Moscas que muerden coparon la cuenca del Salado y enloquecen a los vecinos

“Nubes” de barigüíes tienen en alerta a 15 municipios bonaerenses. Resistentes al repelente, causan ardor y alergias.

“Molesta como mosca de verano”. La sentencia no alcanza para abarcar las dificultades que arrastra la llegada de una plaga incómoda y nociva que se extiende esta primavera sobre la cuenca del río Salado, en el corazón de la pampa bonaerense. Favorecida por la inundación y el exceso hídrico se instaló en al menos 15 municipios ribereños un insecto que fastidia y además muerde: es el barigüí, una mosquita casi invisible que trastorna los planes de pescadores, turistas y vecinos acostumbrados a disfrutar del aire libre.

Las primeras luces de alerta se encendieron hace dos meses en Junín, Bragado y Alberti. Nubes grisáceas de estos bichosenturbiaban los atardeceres frente al río. En un comienzo parecía un dato anecdótico, pero asumió carácter institucional, cuando las brigadas de fumigación municipales se dieron por vencidas. “Están incontrolables. Se han reproducido de manera exponencial”, informaban desde las comunas.

En General Belgrano (a 120 kilómetros de La Plata), los fines de semana se registran en el hospital comunal entre 6 y 10 consultas de pacientes afectados por las mordeduras, que provocan reacciones alérgicas e inflamación epidérmicas en zonas blandas como labios, orejas o nariz. No suelen ser cuadros graves, pero ocupan a médicos y personal de guardia que podrían ser requeridos para emergencias.

A mediados de noviembre, en el ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Provincia recibieron un informe donde 15 intendencias pedían ayuda para pelear contra el barigüí. El responsable del área, Jorge Elustondo, convocó a los jefes comunales y se diseñó un plan para atenuar el impacto que está a cargo del experto Juan José García, del Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores (Cepave), un instituto que pertenece a la Universidad Nacional de La Plata y a la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) provincial.

“La especie comenzó a aparecer acá hace 15 años. Proviene de Salta, Chaco y Corrientes, pero las reiteradas inundaciones favorecieron su llegada a esta zona”, explicó García a Clarín. El especialista admitió que “no se podrá extinguir, pero buscaremos alcanzar un nivel de exposición que permita convivir con la plaga sin trastornos graves para la población. Eso requiere un programa coordinado y centralizado”, aclaró García.

Los distritos atravesados por el Salado explotan con distinto abordaje el turismo regional. Los operadores advierten que para la industria es incompatible la convivencia con la “mosca negra”. En el complejo termal de General Belgrano, los pasajeros tienen una conversación ineludible antes de probar las piletas: “¿Hay mosquitas hoy?”.

El barigüí requiere para su reproducción aguas correntosas. El Salado es un río manso, pero este año, por la acumulación hídrica, el lecho mantiene movimiento intenso hacia la desembocadura en Samborombón.

En el Cepave diseñan un plan para controlar larvas con la colocación de un insecticida biológico (bacillus thuringiensis o BTI) en los objetivos precisos del recorrido del Salado, proclives a la reproducción del insecto. “Habrá un equipo de cinco agentes que recorrerán toda la cuenca para detectar esos puntos. En diciembre comenzaremos a colocar BTI”, aclaró el experto.

Mientras, los intendentes actúan sobre la contingencia. “Destinamos brigadas de empleados municipales que todas las tardes revisan la zona de los puentes y colocan las pastillas”, contó el secretario de Desarrollo Local de General Belgrano, Ramiro Bonini. Cada aplicación implica por lo menos 5.000 pesos en compra de productos.

La “mosca negra” es resistente a los repelentes y por eso las autoridades recomiendan el uso de ropas claras, de mangas largas, sin exponer zonas sensibles del cuerpo. Sugerencias poco amigables para esta época del año. Pero hay un dato que García resaltó: el bariguí no transmite enfermedades. O sea no es “vector”, como los mosquitos de la familia aedes aegypti, que pueden transmitir el zika o chikungunya.

Los barigüíes son toda una complicación para pescadores y paseantes habituados al camping. Los horarios de permanencia al descubierto se reducen, porque a la mediatarde, las márgenes del río se transforman en zonas de exclusión, dominio de las nubes de barigüí.

Al promediar el invierno 2017 la Provincia tenía más de 4,5 millones de hectáreas inundadas o anegadas. Registros de lluvia históricos y un arrastre de exceso hídrico de varios años detonaron ese panorama en la pampa bonaerense.

La mayor afectación correspondió a la cuenca del río Salado, que cruza el territorio provincial por más de 800 kilómetros con un suave declive que termina su recorrido cerca de la bahía de Samborombón.

Pérdidas millonarias, retrasos en las labranzas agrícolas y en las tareas ganaderas fueron las secuelas inmediatas del fenómeno climático que está agravado por demoras o postergaciones en las obras de infraestructura.

Pero los analistas no evaluaron otro efecto indeseado de la anomalía meteorológica: la proliferación y expansión sin control del barigüí, favorecida por un río Salado que se hizo torrentoso y extendió sus márgenes en casi toda su extensión.

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